
Los conceptos de adolescencia y juventud corresponden a una construcción social, histórica, cultural y relacional, que a través de las diferentes épocas y procesos históricos y sociales han ido adquiriendo denotaciones y delimitaciones diferentes, así, la juventud y la vejez no están dadas, sino que se construyen socialmente en la lucha entre jóvenes y viejos[1].
Las características de la juventud en Chile no se producen por generación espontánea, sino que se viene configurando hace bastante tiempo, teniendo como contexto de base fines del siglo XIX[2] y en lo que Hobsbawm denomina la edad de oro de la modernidad[3].
Valiéndose del concepto de “generaciones”, las experiencias de los niños y jóvenes chilenos, se va reconociendo sus condicionamientos clasistas, culturales y así como su propia producción histórica.
En el siglo XIX la juventud nutrió toda esa gran masa que se llamó «los peones gañanes».
Las características de la juventud en Chile no se producen por generación espontánea, sino que se viene configurando hace bastante tiempo, teniendo como contexto de base fines del siglo XIX[2] y en lo que Hobsbawm denomina la edad de oro de la modernidad[3].
Valiéndose del concepto de “generaciones”, las experiencias de los niños y jóvenes chilenos, se va reconociendo sus condicionamientos clasistas, culturales y así como su propia producción histórica.
En el siglo XIX la juventud nutrió toda esa gran masa que se llamó «los peones gañanes».
La gran mayoría de la población, el 60% de la población, hombres y mujeres en gran medida sin empleo permanente, pero sí con empleo precario, lo que determinaba su tendencia a emigrar continuamente de un punto a otro buscando empleo o escapando de la represión[4].
La juventud marginal del siglo XIX, fue ese roto chileno que se tuvo que mover permanentemente de un lugar a otro, saliendo, entrando del país, sin empleo, sin posibilidades de educación, sin derecho a voto, excluido constitucionalmente del derecho a voto, sin acceso a la educación[5].
Posteriormente podemos hablar de una juventud, la que encontramos inserta en el movimiento de pobladores, tal vez su mejor período, fue el período de la otra democracia[6] en donde a través de la educación se abrieron canales de integración a la sociedad, pero es aquí donde encontramos una de las características fundamentales de las políticas sociales en Chile.
Estas políticas normalmente han insistido en un eslogan: «para la juventud lo más importante es la educación»[7].
Desde la época de Manuel Montt hasta el día de hoy, se recomienda en insistir en la educación para los jóvenes en la medida que ésta le permite dos cosas: a) integrarse a la sociedad moderna civilizada, b) competir en el mercado.
Pero esta educación tiene que ser individual, va dirigida al individuo, no a la comunidad, no a las redes sociales, no a las tribus de jóvenes que se constituyen en los lugares donde viven; no por tanto en un sentido de colectivo, sino siempre al individuo.
La juventud marginal del siglo XIX, fue ese roto chileno que se tuvo que mover permanentemente de un lugar a otro, saliendo, entrando del país, sin empleo, sin posibilidades de educación, sin derecho a voto, excluido constitucionalmente del derecho a voto, sin acceso a la educación[5].
Posteriormente podemos hablar de una juventud, la que encontramos inserta en el movimiento de pobladores, tal vez su mejor período, fue el período de la otra democracia[6] en donde a través de la educación se abrieron canales de integración a la sociedad, pero es aquí donde encontramos una de las características fundamentales de las políticas sociales en Chile.
Estas políticas normalmente han insistido en un eslogan: «para la juventud lo más importante es la educación»[7].
Desde la época de Manuel Montt hasta el día de hoy, se recomienda en insistir en la educación para los jóvenes en la medida que ésta le permite dos cosas: a) integrarse a la sociedad moderna civilizada, b) competir en el mercado.
Pero esta educación tiene que ser individual, va dirigida al individuo, no a la comunidad, no a las redes sociales, no a las tribus de jóvenes que se constituyen en los lugares donde viven; no por tanto en un sentido de colectivo, sino siempre al individuo.
En Chile todas las políticas sociales han puesto énfasis en la educación, pero esta educación va dirigida al individuo, es tu responsabilidad ahora de integrarte al mercado. El mercado no va a ser modificado, el mercado no se toca. En esa medida educamos, pero es responsabilidad de los jóvenes integrarse a ese mercado que no se toca, al mercado tabú.
Esta situación repetida a lo largo, diría de casi dos siglos, es lo que muestra a una juventud en este país a la cual no se le ha resuelto su problema fundamental, una juventud popular que no ha estado, hasta la fecha, nunca realmente integrada, que no ha encontrado canales de integración hacia el corazón moderno de esta sociedad y que ha permanecido siendo en el fondo una juventud marginal[8].
Muchas veces las políticas sociales, qué es lo que hacen: modernizan la marginalidad, construyen rotondas por ejemplo para automóviles, llevan mall, a poblaciones donde la gran mayoría de los jóvenes no tienen empleo o viven del empleo precario. Se crean y se multiplican las multicanchas, se crean centros juveniles; nada de eso resuelve la marginalidad, pero sí la moderniza. Es como decir: te vamos a crear un césped aquí para que vayan a pastar su propia marginalidad, tranquilos, expresen su identidad marginal allí, canten, hagan graffiti, protesten, pero ahí, en ese marco, y participen ahí[9].
Esta situación repetida a lo largo, diría de casi dos siglos, es lo que muestra a una juventud en este país a la cual no se le ha resuelto su problema fundamental, una juventud popular que no ha estado, hasta la fecha, nunca realmente integrada, que no ha encontrado canales de integración hacia el corazón moderno de esta sociedad y que ha permanecido siendo en el fondo una juventud marginal[8].
Muchas veces las políticas sociales, qué es lo que hacen: modernizan la marginalidad, construyen rotondas por ejemplo para automóviles, llevan mall, a poblaciones donde la gran mayoría de los jóvenes no tienen empleo o viven del empleo precario. Se crean y se multiplican las multicanchas, se crean centros juveniles; nada de eso resuelve la marginalidad, pero sí la moderniza. Es como decir: te vamos a crear un césped aquí para que vayan a pastar su propia marginalidad, tranquilos, expresen su identidad marginal allí, canten, hagan graffiti, protesten, pero ahí, en ese marco, y participen ahí[9].
Cuando se habla de participación, se está pensando participación en ese marco, en el centro cultural "hagamos fiestas", en la multicancha "hagamos campeonato", y entre todos «no a la droga»; pero sigue siendo eso marginalidad[10].
Los discursos acerca de lo juvenil se han modificado en las décadas de los 70 y de los 80. Si en los setenta al hablar de jóvenes la imagen predominante era la del "joven universitario de la reforma", en los ochenta el habla predominante destaca el "joven poblador de la protesta".
Los discursos acerca de lo juvenil se han modificado en las décadas de los 70 y de los 80. Si en los setenta al hablar de jóvenes la imagen predominante era la del "joven universitario de la reforma", en los ochenta el habla predominante destaca el "joven poblador de la protesta".
Hoy en día hablar de jóvenes significa "jóvenes problema". Así, va a pareciendo el ‘joven problema’, que trae consigo un sinnúmero de dificultades para el discurso dominante, puesto que estos ‘jóvenes problemas’ van a crear contra culturas, subculturas y las denominadas tribus urbanas. Grupos que se van a construir especialmente en torno a un discurso contra el poder, contra el sistema.
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[1] Bourdieu, Pierre; Cuestiones de Sociología; Madrid, Edit. Istmo, 2000, p. 164
[2] Salazar, Gabriel; Pinto, Julio; Historia Contemporánea de Chile, Volúmen V, Lom Ediciones, Santiago de Chile, 2002. Es útil el análisis de Salazar en cuanto la juventud nacional es descendiente y heredera de la multitud de huachos, de peones y excluidos de la sociedad chilena.
[3] Hobsbawm, Eric; Historia del Siglo XX. 1914-1991; Editorial Grijalbo, Colección Crítica. Barcelona. 1997. El autor hace referencia a la cultura surgida en Occidente, especialmente después de la II Guerra Mundial.
[4] Montecino, Sonia; Madres y Huachos; Alegorías del Mestizaje Chileno; Editorial Sudamericana, Santiago, 2001, p. 42
[5] Góngora, Mario; Origen de los Inquilinos en el Chile Central; Universidad de Chile, Seminario de Historia Colonial, Santiago, 1960
[6] Salazar, Gabriel; Ser Niño Huacho en la Historia de Chile (Siglo XIX); en Revista Proposiciones, Chile, Historia y Bajo Pueblo; N°19, Ediciones Sur, Santiago, 1990.
[7] Salazar; La Educación De La Juventud Como Una Educación Para El Cambio; Ediciones Digitales SUR;
[8] Ibíd.
[9] Ibíd.
[10] Ibíd.
[2] Salazar, Gabriel; Pinto, Julio; Historia Contemporánea de Chile, Volúmen V, Lom Ediciones, Santiago de Chile, 2002. Es útil el análisis de Salazar en cuanto la juventud nacional es descendiente y heredera de la multitud de huachos, de peones y excluidos de la sociedad chilena.
[3] Hobsbawm, Eric; Historia del Siglo XX. 1914-1991; Editorial Grijalbo, Colección Crítica. Barcelona. 1997. El autor hace referencia a la cultura surgida en Occidente, especialmente después de la II Guerra Mundial.
[4] Montecino, Sonia; Madres y Huachos; Alegorías del Mestizaje Chileno; Editorial Sudamericana, Santiago, 2001, p. 42
[5] Góngora, Mario; Origen de los Inquilinos en el Chile Central; Universidad de Chile, Seminario de Historia Colonial, Santiago, 1960
[6] Salazar, Gabriel; Ser Niño Huacho en la Historia de Chile (Siglo XIX); en Revista Proposiciones, Chile, Historia y Bajo Pueblo; N°19, Ediciones Sur, Santiago, 1990.
[7] Salazar; La Educación De La Juventud Como Una Educación Para El Cambio; Ediciones Digitales SUR;
[8] Ibíd.
[9] Ibíd.
[10] Ibíd.



